Asumir las contradicciones, y el dolor de vivir con ellas. Lo que se siente tan adentro no puede esfumarse del todo jamas. Siempre quedara un ascua ardiendo, presta a incendiarlo todo. Traemos la tormenta en nombre de nuestro amor, no queremos salvar a nadie. No esperar nada no significa acostumbrarse a perder. Viva la anomalia, pues la anomalia es salvaje.
¡No quiero más piedras en el corazón, no quiero verle morir por asfixia! ¡Os juro que, con vosotros, él estará mejor! ¡Lleváoslo donde yo ya no pueda verlo, hundidlo en la arena, convertidlo en sal, que yo, yo ya no lo quiero! ¡Alimentad a las vívoras con él, dádselo a los muertos para que pinten sus lápidas! ¡Que alumbre las noches de tiniebla! ¡Que bailen los cementerios a su alrededor! ¡Mordedlo y arañadlo! ¡Está frío, pero no es de piedra, aún tiene surcos de vida!
¡Para mí es angustia! ¡Es pura angustia! ¡Es miedo! ¡Le tengo miedo! ¡Ahorcadlo vosotros, que todavía tenéis fuerzas! ¡Estranguladlo contra mi nuca, que mis ojos se pudrirán si lo vuelven a ver!
¡Por favor! ¡Hacedme un último favor!: ¡Devolvedlo al pozo negro de donde lo cogisteis y enterradlo lo más hondo que podáis! ¡No quiero oir sus latidos nunca, nunca más!
En una noche lenta y oscura un hombre bueno y apiadado en una vieja sepultura entierra tu cuerpo alabado.
Cuando enmudezcan las espadañas y las estrellas se queden frías, hilarán su tela las arañas, las víboras parirán sus crías.
Y por toda oración, tus oídos escucharán largos aullidos de lobos, de brujas gritando, de viejos lúbricos suplicando y cuchicheos de bandidos que están sus ganancias contando.
Lost in the dark without our pride... there was a light at the end of that tunnel, but we chose to shield our eyes. Could it be? Are we seeing clearly for the very first time? We've been to the edge and we know what it's like to want to die...and that's something we won't glorify. We'll leave those miserable times behind. How far can I go? I'm rising from the depths of my own hell. I don't need another tragic tale. I need the strength to walk the other way. I found conviction in my ever changing mind. I grew up tied down and bleeding on the inside, but I know I was a victim of my own device, and I want to live to see a brand new life.
Me encanta llegar a casa con esta sensación, que retumben las paredes cuando avanzo hasta mi cuarto, que no se oiga absolutamente nada y saber que me meteré en la cama con el zumbido del viento replicando ventanas. Me gusta desvestirme poco a poco, notar el frío que saluda por los pies y se despide por las manos, sentarme en el colchón y notar el calor de las sábanas abrasando mis pies y cosechando esperanza.
Pero odio acostarme en la cama. Jamás pensé que añoraría las noches de insomnio, que echaría de menos dar vueltas. Odio hacer inventario del día a día y, sobre todo, hacer inventario del pasado. Odio esos nombres en mi cabeza cuando apoyo la cabeza en la almohada y saber que, una vez más y sin que lo pueda remediar, mi sonrisa se desvanecerá, ahogada en la noche, alumbrada por la oscuridad y apretando sus labios deseando tachar un día más.
¿Dónde quedan las palabras que no se dicen? ¿Quedan acaso amontonadas en el polvo de la memoria, esperando la descomposición de su sonido como aquel que llora por lo que nunca tuvo, echando de menos lo que nunca conoció? Siento el vacío que me delata y que pudre mis entrañas, y la roca arrancándome unas uñas negras hartas de caminar. Los pies y el aliento me duelen, y se fatigan cada vez que piensan en todo lo que tuve que andar. Cuando miro atrás a ese camino de huesos y piedras, piedras del corazón de los cadáveres que cedieron su marfil al asfalto, lloro y araño y corro y odio cada milímetro de mi pesar, suplicando ácido a las arañas que tejen mi piel, e implorando al cielo un segundo de virtuosismo y grandeza, un segundo de tormenta que me haga estar en armonía con el aire de mi alrededor. Y gritando rasgo mi voz, y espero, desnuda, en silencio, sin ojos y con oídos, a que esa agua purificadora se lleve para siempre las palabras nunca dichas que alimentan la boa del dolor.
Tampoco tengo mucho que contar: Son las dos de la mañana y acabo de llegar a casa (vacía). Delicate, de Damien Rice, está sonando en mi habitación y mis zapatos de 9'95€ están en el suelo. Todavía no me he quitado ni la chaqueta y el bolso me cuelga de un brazo. Esta noche tampoco ha cambiado nada: tengo las manos frías y el corazón caliente, desearía que fuera al revés. Hay trece hombres de cristal sentados al borde de la mesa en la que escribo, y todos me miran con miedo a que les descubra. Al lado de ellos hay una cita que reza "y éramos, por naturaleza, hijos de la ira, también como los demás (et eramus natura filii irae sicut et ceteri)". El reproductor marca Damien Rice, Volcano; creo que esta canción salió en el último capítulo de house que vi. Bailando entre mis tobillos hay una serpiente que cuenta los segundos que faltan para estrangularme. Los hombrecillos se van, la luz se va, los sueños se van...
Cuando te miras al espejo y descubres que no existe reflejo, el dolor se vuelve opaco e ilumina tu mirada de color gris. Es entonces cuando las paredes se te caen encima, sientes que te falta el oxígeno, que se te congelan los nervios y, para aliviarlo, necesitas una bocanada de muerte. Y no es dependencia, es la imperiosa necesidad de sentir que aunque sea un humo denso y viciado, hay algo que llena tus pulmones, que endurece tus arterias y sabe a sal: sí, la misma sal que cada noche recorre tus mejillas.
Es el ámbito en cuyo seno empieza el silencio.
Lo que hoy ocurre es precisamente el silencio.
Aún estoy ahí, ante esos niños posesos,
a la misma distancia del misterio.
Nunca he escrito creyendo hacerlo.
Nunca he amado creyendo amar.
Nunca he hecho nada salvo esperar
delante de la puerta cerrada.