miércoles, 8 de abril de 2009

Odio

Me encanta llegar a casa con esta sensación, que retumben las paredes cuando avanzo hasta mi cuarto, que no se oiga absolutamente nada y saber que me meteré en la cama con el zumbido del viento replicando ventanas. Me gusta desvestirme poco a poco, notar el frío que saluda por los pies y se despide por las manos, sentarme en el colchón y notar el calor de las sábanas abrasando mis pies y cosechando esperanza.

Pero odio acostarme en la cama. Jamás pensé que añoraría las noches de insomnio, que echaría de menos dar vueltas. Odio hacer inventario del día a día y, sobre todo, hacer inventario del pasado. Odio esos nombres en mi cabeza cuando apoyo la cabeza en la almohada y saber que, una vez más y sin que lo pueda remediar, mi sonrisa se desvanecerá, ahogada en la noche, alumbrada por la oscuridad y apretando sus labios deseando tachar un día más.


Orihuela, abril del dos mil nueve.

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